La verdad el motivo de este viaje no tiene nada que ver con algo planeado o buscado, más bien fue una oportunidad que no había que desaprovechar.

Todo empezó gracias a la despedida de fin de año de la empresa en la que trabajo, siempre nos llevan a algun lugar que sea fuera de la ciudad y ésta vez el destino fue “Villa de Leyva”, zona Boyacense.

Teniendo en cuenta que una de las cosas que más disfruto es viajar y que tengo un compañero de aventura, no dude en proponerle que luego de terminar mis actividades con la empresa, nos encontraramos para pasar unos días por esos lados, bueno, 2 no más. :(

Fue así como Michael y yo nos encontramos el Sabado 2 de Diciembre de 2006 en la Plaza Central de la antigua Villa de Leyva y digo antigua porque toda su arquitectura lo lleva a uno a sentirse como en la época de la colonia. Sus casas y calles empedradas, son una fiel muestra de un pasado que todavía perdura. Suena raro pero así es.

Plazoleta Villa de Leyva

No sabía en donde nos íbamos a quedar pero Michael ya había explorado con anterioridad los alrededores y tenía una idea de los precios y de todo lo que uno tiene en cuenta al momento de buscar hospedaje. En el primer lugar que me sugirió nos quedamos porque era justo lo que necesitabamos, algo sencillo y acogedor: la “Hospedería Antonio Nariño“, si ven porque digo que todo allí es como devolverse a la época de la colonia?

La noche en Villa de Leyva, llegó de una manera muy romántica. Caminar por esas calles bajo la luz de la luna, de los faroles que decoraban las esquinas y hasta de los alumbrados decembrinos, fue una experiencia mágica. Aprovechamos obviamente para conocer un poco, para tomar fotos y luego de pasar un rato frente al “Monasterio de las Carmelitas Descalzas“, cuya fachada es majestuosa, terminamos en uno de los restaurantes que rodean la Plaza Central. Humm que Spaguettis tan ricos los que comimos. Por si no sabían, Villa de Leyva es famosa por su pasta así como por sus viñedos.

Monasterio Carmelitas Descalzas

Al día siguiente, nos fuimos de plan extremo a disfrutar de la naturaleza en pleno (atravezamos caminos de díficil acceso, nos mojamos, llenamos de barro, en fin….). Antes de partir, nos aseguramos de llenar el estomago con un buen almuerzo porque lo que nos eperaba iba a ser duro. Otra vez, hummm pero no crean que fue por más spaguetti, fue por los Patacones con Hogao más deliciosos que habíamos probado hasta el momento.

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